Memories

Japón: Viaje de ida, Nagano, Yudanaka y primer contacto con Kyoto

Parece que la gente se impacienta por leer cosas sobre el viaje a Japón, así que más me vale ir empezando si no quiero que me envíen a alguien para que me parta las piernas. Voy a ir por partes, para que no se haga demasiado pesado de leer en una tacada. Para leer el post entero pinchad en (más…).

6 DE MARZO: El fatídico viaje de ida

Sin apenas dormir unas 3 horas, me desperté a las 5 de la mañana para llegar al aeropuerto de Bilbao, que está en Loiu, y reunirme con mis colegas de viaje Vaz y Marit. Yo ya iba estresada creyendo que mi maleta iba a superar los 20 kilos que te dejan meter en el avión de todas las cosas que llevaba (15 pares de ropa interior, calcetines y camisetas, un par de zapatillas, dos pantalones, un colchón hinchable, un saco de dormir, el secador… vamos, que estaba a rebosar de mierda), pero por suerte “solo” pesaba 17. El viaje iba a ser largo, unas 14 horas en total paradas incluídas, llegando a las 9:30 del día siguiente a Narita, así que mi objetivo era dormir en el avión cuantas más horas mejor. Como siempre mis predicciones fallan, y es que a pesar de haber reservado mi asiento en ventanilla para apoyar la cabeza y así echar un sueñecito al menos, un par de gemelos que viajaban en el vuelo ParísNarita me frustraron mis planes: los malditos no paraban de llorar, y eso que viajaban en una cuna (llego yo a viajar en una cama y no me ven decir ni mu). Tras ver Quantum of Solace versión pinche-pendeja y 8 horas de intentos fallidos para dormir llegamos a Narita hechos una puta mierda.

Ah, que se me olvidaba. Al subir al avión que nos llevaría a París y en el aeropuerto Charles de Gaulle vimos varios vehículos que parecían el coche de Batman en El caballero oscuro versión cutre, aunque no vimos si se convertían en moto… En Narita en cambio no lo tenían, seguramente porque allí la película fue un fiasco.

7 DE MARZO: De Narita a Nagano y de Nagano a Yudanaka

El primer día en Japón comprobamos que la gran mayoría de los japoneses (pongamos un 90%) no tienen ni puta idea de inglés, ni siquiera palabras sueltas, así que es muy frustrante viajar allí sin saber algo del idioma. Eso sí, te intentan ayudar lo mejor que pueden con una sonrisa que no les quitas ni a cañonazos. Activamos nuestros Japan Rail Pass, un billete muy interesante que por una cantidad fija de dinero te permite viajar en los trenes de la compañía JR las veces que quieras durante el periodo de tiempo que lo hayas activado (nosotros cogimos el de 7 días por unos 215€, ¡solo disponible para extranjeros, ojo, así que hay que cogerlo antes de ir para allá!) y de paso les dijimos que nos sacasen los billetes hacia nuestro primer destino: Nagano. La cosa es que te sacan el billete del tren que les sale de las bolas sin ni siquiera preguntar, ¡que normalmente es el siguiente que sale sin tener en cuenta que en ocasiones solo te dan 5 minutos de margen para llegar al andén y cogerlo! Así que tras una carrerita con los maletones de 20 kilos a nuestras espaldas y sin tiempo de alquilar un móvil logramos coger el Narita Express y llegamos a la estación de Tokyo.

Allí nos encontramos con dos de los que serían mis enemigos para el resto del viaje: uno, los carteles de direcciones. Si te iba marcando que fueses para adelante y luego que torcieses a la derecha para ir al andén 23… ¡falacias! Puede que ese torcer a la derecha fuese una salida más para atrás, pero el cartel te lo ponen una salida delante, y como las estaciones no son precisamente pequeñas un fallo así puede ser letal para llegar a los sitios a tiempo. Y el segundo los baños orientales. Sí, las famosas fosas sépticas o agujeros que les llamaba yo, que para mear es igual de cómodo que ir al monte detrás de unos arbustos salvo que no pisas hierba, si no suelo y a veces suelo mojado (no quería saber si de agua o meadas, trataba de remangar mis pantalones para no averiguarlo). Con lo fácil que es sentarse en una taza para hacer un pis… por suerte siempre había algún que otro retrete western style en los baños públicos, aunque llenos de botoncitos y funciones tontas como que te limpien el ano con un chorrito o que hagan ruido para que tu vecina no te oiga mear.

¡Mi primera foto del viaje! Típico cartel en los andenes del tren, con información de nuestro tren que nos llevaría a Nagano, el Asama. Cambiaba de kanjis a romaji, perfecto para los gaijines.

Total, que llegamos a nuestro andén para coger el Asama, el shinkansen (tren bala) que va de Tokyo a Nagano y empezamos a flipar con lo ordenaditos que son los nipones: para cada entrada a los vagones tenían pintadas unas líneas en el suelo para hacer cola, y lo respetaban religiosamente y nada más parar el tren un batallón de limpieza entraba a la vez y salía a la vez con todo recogidito. Otra de las gozadas de Japón es que no se les ocurre robarte. Dejamos las maletas entre vagones, en una especie de rinconcitos huecos que había para ello, sin tenerlas a la vista y ver que aún seguían allí al llegar al destino era una pasada. En una de las paradas del tren recogimos a Vanessa (¡weeeei!), aunque ella tuvo que sentarse con la plebe en los asientos no reservados (tsk, tsk, si es que donde hay nivel…).

Primera foto de grupo sacada por Vanessa. Estamos en Nagano, frente a la estación de trenes, donde hay una figura de Nyoze Hime. Foto robada de Vaz.

¡Y llegamos a Nagano! Tuvimos problemas para guardar las maletas en las mini taquillas de la estación, sobre todo la mía que era muy gorda, y fuimos a comer, no sin antes haber sacado una bebida (una Qoo sabor manzana en botella de aluminio, ¡me la traje de recuerdo!) en una de las infinitas vending que pululan por todo el país. Allí aprendimos que a las 14:00 horas cierran los restaurantes decentes, así que fuimos a alguno más tipo de comida basura, pero en vez de hamburguesas era de curry. A mí el curry no me gusta pero yo iba a la aventura (de hecho me nombraron catadora oficial, un gran honor pero también un gran horror). Allí comprobamos que Vanessa se había vuelta japo total ya que mientras los demás llorábamos con el picor del curry ella se lo comía a paladas con la cuchara-tenedor que nos dieron (¡gran invento!). Para pagar había que hacerlo en una máquina, pero la coña es que había que hacerlo antes de pedir: eliges lo que quieres comer pulsando un botón, pagas y te dan un ticket. Ese ticket se lo das al cocinero y te lo prepara. Por suerte al ser gaijines el cocinero nos lo perdonó y nos ayudó a pagar en la máquina después de comer. ¡Gracias señor!

La calle que llevaba al Templo Zenkoji de Nagano. Todos los templos importantes tienen una calle parecida donde hay puestos para comprar, sobre todo souvenirs, dulces típicos y cosas del estilo. Haz click para verla en tamaño completo. Menuda foto artística me salió. Un guardián de un inciensario y de fondo el Zenkoji. Haz click para verla en tamaño completo.

Tras pelearnos con el mapa de la ciudad fuimos de turisteo a la principal atracción de Nagano: el templo Zenkoji. Por el camino Vanessa paró a comprar unas manzanas (típicas de la región y muy baratas comparadas con el precio de la capital) ¡y casualidad que la tienda la regentaba una japonesa nacida en Argentina que hablaba español junto con su marido japonés! Tras este curioso suceso llegamos al templo y empezamos a sacarle fotos a todo como unos asquerosos extranjeros no dándonos cuenta de que en el futuro acabaríamos de templos hasta el culo. Descubrimos los distritos comerciales entre calles y las alcantarillas, muy vistosas ellas, y volvimos a la estación para ir al pueblecito de Yudanaka, donde habíamos reservado la noche en un onsen, los típicos baños termales japoneses. Si creíais que todo era tecnología punta en Japón solo tenéis que coger el tren que lleva a Yudanaka para quitaros esa imagen de la mente de lo viejo que era.

El tren que cogimos para ir a Yudanaka... ¡tecnología punta japonesa, oigan! Foto robada de Vaz.

Llegamos con muchísimas ganas a Yudanaka con el fin de descansar por fin de todo el día. Tardamos en encontrar el onsen de las narices (era de noche y no se veía un pijo) y tras una larga conversación con el dueño (eran muy majos, pero en ese momento yo solo quería desconectar de todo y deseaba que cerrasen el pico desesperadamente) llegamos a nuestra habitación, toda típica ella con nuestros futones y la mesita de té. Con muchas ganas de probar las termas relajantes, que eran cubiertas, bajamos y a las chicas nos tocó la más grandota y bonita (había 2 e iban rotando: a la mañana les tocaba una a los tíos y por la noche esa misma a las tías y viceversa), que por suerte la teníamos enterita para nosotras. Fue curioso ducharse en plan japonés tradicional, con los cubos y estando sentadas, y una vez limpitas metimos nuestros culos a remojo en la ardiente terma. Yo a los 5 minutos ya estaba mareada porque apenas podía respirar del vaho que desprendía el agua caliente, pero aguanté un rato más para salir todas juntas. Fue gracioso y a la vez peligroso ya que una vez fuera estábamos todas mareadas y Marit y Vanessa apenas podían levantarse del banco por peligro a caerse. Tras nuestra lenta recuperación cenamos nuestra primera cena de konbini (yo un par de onigiris, las conocidas bolas de arroz de los manga, y un té con leche), las famosas tiendas abiertas 24 horas al día. Ese día apenas pude dormir, ya que la almohada me pareció demasiado pequeña y dura, la calefacción me daba mucho calor y por si fuese poco metía un ruido espantoso. ¿Lo peor? ¡Que Vanessa durmió con chaqueta y todo y me daba aún más calor sólamente verla!

8 DE MARZO: Parque Simio, vuelt a Nagano y llegada a Kyoto

A las 6 de la mañana me desperté (bueno, seguía despierta y ya no podía estar más en la cama) y como Vaz también, aprovechamos para escapar de la habitación sin despertar a nadie para darnos un último baño en las termas. En esta ocasión me tocó la pequeñita toda para mí, pero se estaba mejor porque estaba mejor ventilada y el vaho no me mató. ¡Me sentó de muerte, qué gozada! Una vez todos despiertos fuimos a desayunar el único desayuno típicamente japonés que tuvimos en todo el viaje (es lo que pasa al tirar del albergues y de suelos ajenos) y estaba muy bueno todo, incluso unas extrañas cosas verdes que nos sirvieron junto al arroz, el té, el pescado, la sopa de miso y demás.

Por estos caminitos teníamos que ir andando para llegar a Jigokudani. ¿Bonito,eh? Haz click para verla en tamaño completo. Estaba todo cubierto de nieve, pero curiosamente no hacía tanto frío como parece. Haz click para verla en tamaño completo.

Los dueños del onsen, como he dicho antes majísimos ellos, se prestaron a llevarnos en coche a nuestro siguiente destino: el parque de los monos Jigokudani, famoso por los monos que se bañan en las termas naturales en invierno. También nos dejaron botas porque efectivamente el camino estaba todo nevado y con barro, pero a pesar de eso el paisaje era precioso. Tras un paseíllo llegamos al parque y divisamos a los primeros macacos japoneses, gastando megas y megas en fotos de nuestras cámaras de lo majos que eran. Yo y Vanessa queríamos llevarnos un par a casa, pero como decían que eran peligrosos acabamos comprándonos unos de peluche por si acaso.

Parece que está pensando en algo profundo encima del árbol, me pregunto qué será... Haz click para verla en tamaño completo. ¡Este mono sí que sabe vivir la vida y menudas poses se marcaba para los fotógrafos! Creo que es la mejor foto que saqué en todo el viaje. Haz click para verla en tamaño completo.

A la tarde volvimos a Nagano para seguir investigando la ciudad y llegó la hora de que nuestros caminos se separasen: Vanessa volvió a Tokyo y nosotros cogimos el tren a nuestro próximo destino, Kyoto. Me pegué una siesta padre en el tren y conocimos a los místicos picas, a los que rebauticé como “pica-sans”, que en vez de agujerearte el billete te ponen un sellito (los sellos están a la orden del día allí, ya me enrollaré más en otra ocasión sobre ese tema) a la vez que te dicen arigato gozaimasu a una velocidad impresionante.

Kyoto también tenía torre y se divisa nada más salir de la estación. Aquí de noche y de día, para que veáis como cambian los paisajes en las ciudades.

Al llegar a Kyoto, me di cuenta de que no había impreso el mapa para llegar al albergue que reservé, así que entramos en modo PANIC ON. Intenté llamar al albergue pero no cogía nadie, así que no nos quedó más remedio que ir a la policía a preguntar por la calle. Las calles son tan difíciles de encontrar que incluso los japoneses tiran de mapas, no os digo más. El policia que estaba en la oficina parece que me entendió y nos dibujó un mapa como pudo e intentamos seguirlo, pero no hacíamos más que perdernos. Intentamos preguntar a varios residentes para que nos guiasen (una tía nos quiso liar mandándonos a tomar por saco a una calle que no era, bitch!) y por suerte encontramos a unos japoneses que también venían de turismo que sabían inglés y que tenían un mapa de la zona. ¡Aleluya! Fueron la mar de amables acompañándonos hasta el mismísimo albergue (que resulta que estaba a 5-10 minutos de la estación) y tras ese susto nos fuimos a la cama, mejor dicho futones (estos eran más cómodos, seguro que eran falsos), para el día siguiente poder empezar a visitar la antigua capital de Japón. ¡Qué ganazas!

Continuará…

1 de abril, 2009 a las 02:50pm | Viajes

6 comentarios

Escribe un comentario

  1. gravatarYo_La_Tengo
    El 1 de abril, 2009 a las 04:00pm

    Jajaja. Bigger than ever esto… :___D

    Con lo reconfortante que es poder miccionar con comodidad…en fin en fin. Qué bonita la calle del templo de Nagano, qué chulada, qué limpieza, qué todo (¡y un tiempo estupendo parece!) El guardián inciensario te está mirando. ¿Pone Sega en ese tren? :_. Adoro la vida contemplativa de los monos de la nieve :_, y a la chica que os quiso mandar por otro lado le deseo cienes y cienes de retretes mojados y que nunca encuentre Qoo en el supermercado. ¡Poo!

    ¡Kyoto! En efecto: un par de maromos te harán una visita si de aquí a unos días no sigues escribiendo esta maravilla.

  2. gravatarmobwannabe
    El 1 de abril, 2009 a las 04:07pm

    la imagen del onsen todas mareadas nada mas salir de la bayera fue impagable. Lol

    Ale animo animo がんばてね!,a por el siguiente post. Lol te ha faltado postear una foto, pero ahora lo arreglo en mi blog ;p.

  3. gravatarDan@KenSei:~$
    El 3 de abril, 2009 a las 09:17am

    urgh!! Me ha dado un mal al ver la foto del tren.. deformación profesional, ya sabes xD
    Un día de estos tengo que probar un onsen, es una de las tareas pendientes de mi lista (como la de Earl, pero sin ayudar a gente por el camino :P)

  4. gravatarcotaku
    El 7 de mayo, 2009 a las 05:00pm

    ostras, qué mano más de “hu-mano” el mono (“hu-mono”) de la foto!!! y que cara de gusto xP

  5. gravatarlola
    El 22 de febrero, 2010 a las 10:05pm

    Dios, que persona tan negativa!! Que mal rollo… en un pais como Japon lo unico que sabes es renegar… pobres compañeros de viaje… Personas como tu no disfrutan nunca!! ve al psicologo!! ya!!

  6. gravatarSeru
    El 23 de febrero, 2010 a las 08:57pm

    Premio al comentario más absurdo del año. Gracias por tu gran aportación Lola.


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